Nombre que proviene de la lengua árabe (tamari hindi, fruto de la India) es de la familia de las febaceae (leguminosas). Es un árbol que con el tiempo llega a coger gran altura aunque su crecimiento es lento. Originario de África, se puede encontrar en el África tropical, por ejemplo en Sudán, donde sigue creciendo de forma silvestre, o en Cabo Verde, Yemen y Omán.
Actualmente se ha ido distribuyendo por casi todos los trópicos, Asia, Australia, Oceanía y países bañados por el Caribe.
El tamarindo se ha adaptado bien en zonas con estaciones secas. Sin embargo, en países húmedos le cuesta desarrollarse aunque con el tiempo se va adaptando (si se planta en lugares protegidos de vientos y frío). El tamarindo en verano necesita bastante agua para su crecimiento. Es un árbol de hoja perenne (aunque aquí en Mallorca al igual que la moringa en invierno pierde las hojas) y de crecimiento lento, con raíces profundas y ramas fuertes.
De sus flores, hermafroditas, de un rojo anaranjado intenso, salen racimos que son los frutos, parecidos a un cacahuete, de un tamaño de entre los 5 y 7 centímetros de largo y 1,5 -2 centímetros de ancho. Tiene muchas propiedades (rico en vitaminas, fibras y minerales). Asimismo, contiene carbohidratos, proteínas, grasa vegetal, fibra, ácido tartárico, ácido málico, ácido oxálico y taninos en las semillas. En las Islas Filipinas, se hace té con su corteza para bajar la fiebre que provoca la malaria. También es utilizada en medicina Ayurvédica para quitar dolores de estómago. Funciona como laxante y somnífero natural y también se utiliza para hacer jugos ya que la pulpa es mantecosa y de sabor agridulce. Es muy apreciado en todas las cocinas de los países que lo albergan.