Procede de América Central. Se trata de una planta perenne, de tallos alargados muy ramificados de un color verde oscuro, formados por tres cantos en los cuales se incrustan unas pequeñas y finas espinas, de forma similar a un cactus, pero al contrario de éste, porque es rastrero.
Una de las veces que viaje a Tailandia, tuve la ocasión de ver como ciertas personas los producen en corrales, en unas macetas grandes. Dentro instalan una estructura de tubo reforzado de hierro formando una “ T ” y encima travesaños de madera que sirven como protector, bajando la temperatura del calor del sol para que la planta no se queme. También esta estructura la ayuda a emparrarse si se atan al tubo. Después de un año ya está ramificado por encima dejando caer los tallos de donde salen los frutos.
Los frutos son grandes y están formado por una corteza (parte externa) parecida a una flor y la pulpa (parte interior del fruto), con una textura muy parecida a la del kiwi. Mezclada con esta pulpa están las múltiples y pequeñas semillas de color negro.
Las hay de diferentes variedades. En Asia están las de color púrpura, cuya pulpa es de un color blanco-grisáceo y las de color rosado, que por fuera y por dentro son rosadas. También existe una variedad amarilla parecida a las anteriores pero más pequeña y con unas púas parecidas a las que tienen los higos chumbos. Su sabor es dulce aunque no es empalagoso.
El fruto es rico en Vitamina C y también contiene vitaminas del grupo B ( B1, B2 y B3). Asimismo, contiene minerales como calcio, fósforo y hierro . Las comestibles semillas contienen ácidos grasos, muy beneficiosos para la salud. También la pitahaya es muy utilizada como digestivo por sus múltiples propiedades.